Te soy sincero: cada vez que abro YouTube y veo los videos más virales de deportes, siento una mezcla rara. Por un lado, entiendo el gancho. Por otro, me pregunto si de verdad esto es lo que queremos consumir como fanáticos. Y no lo digo desde un pedestal de pureza deportiva, eh. Yo también caí en el clickbait de turno más de una vez.
Pero pará un segundo. Mirá lo que está explotando en vistas estos días: la “nueva guardaespaldas” de Caitlin Clark en la WNBA, la carta de ajuste del Real Madrid hablando del “monotema” de turno, un hit con el bate roto en la MLB, la Selecta salvadoreña descendiendo en la Nations League. Todo mezclado. Y el común denominador no es el deporte en sí, sino el drama que lo envuelve.
El caso WNBA: cuando el relato tapa el juego
Lo de Sophie Cunningham es un ejemplo perfecto. Se habla de ella como la que salvó a Caitlin Clark de ser humillada, la que cobró venganza, la que se ganó el respeto de toda la fanaticada. Y ojo, no digo que no sea un episodio jugoso. Pero cuando la conversación sobre una jugadora se reduce a su rol de “protectora” de otra estrella, algo se está perdiendo. ¿Dónde queda su juego, sus números, su impacto real en la cancha?
La WNBA está viviendo un boom brutal de popularidad. Eso es innegable y festejo que suceda. Pero me preocupa que el precio sea convertir a las jugadoras en personajes de telenovela antes que en atletas. Caitlin Clark genera titulares por cualquier cosa, y eso arrastra a sus compañeras a un relato que las encasilla. Cunningham no es la “guardaespaldas” de nadie. Es una jugadora profesional con su propia carrera. Reducirla a eso es cómodo para el algoritmo, pero pobre para el análisis.
Real Madrid: el noticiero interminable
Ni hablemos del Real Madrid. Hay canales enteros dedicados a “cartas de ajuste” diarias solo para hablar del club. Y ojo, entiendo al hincha que quiere estar al tanto de todo: la sesión de entrenamiento, quién llegó de la selección, qué dijo Mourinho en rueda de prensa. Pero seamos honestos: la mayoría de esa información es ruido. Humo. Contenido para llenar el espacio entre partido y partido.
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Y ahí aparece otra cosa: cuando el propio medio o creador reconoce que es un “monotema” lo que va a tratar, ya te está avisando de que no hay mucho para decir. Pero igual le tenés veinte minutos de análisis. Eso no es periodismo deportivo, es compañía emocional. Y no estoy diciendo que esté mal del todo, eh. A veces uno quiere escuchar a alguien hablar de su club favorito mientras hace la cena. Pero no nos mintamos llamándolo “información de actualidad”.
La radio y los noticieros: el otro extremo
Después tenés el otro lado: programas como Exitosa Deportes en Perú o los noticieros de Campeones TV en Nicaragua que arrancan con “hola, hola, hola” y saludan a los oyentes de no sé cuántas radios. Ese formato tiene su encanto, no lo voy a negar. Hay una calidez, una cercanía, que el clip de diez segundos en redes no tiene. Pero también arrastra un problema: se diluye. Entre saludos, cuñas publicitarias y datos curiosos sobre radios de transistores de 1954, la actualidad deportiva termina siendo el diez por ciento del programa.
Y no es culpa de esos programas. Es lo que el formato radiofónico permite y lo que la audiencia espera. Pero cuando ese estilo se traslada a YouTube como “actualidad deportiva”, choca. Porque en YouTube la gente pide otro ritmo, otra contracción. Y ahí aparecen híbridos raros que no terminan de funcionar.
El verdadero problema: algoritmo come análisis
Mi tesis es simple: los algoritmos premian el drama. Un descenso de la Selecta a categoría B duele más que una explicación táctica de por qué pasó. Un zurdazo a la mandíbula en la WNBA se comparte mil veces más que un análisis de spacing. Un hit con bate roto es un momento, no una tendencia. Y así vamos: consumiendo píldoras emocionales sueltas sin hilo conductor.
¿Significa que la actualidad deportiva sea basura? No. Significa que estamos dejando que la anécdota le gane al contexto. Y eso a la larga nos hace peores lectores de deporte. Porque el deporte no es solo el momento: es la acumulación, la táctica, el trabajo, las estructuras que sostienen lo que después explota en un highlight.
Qué se puede hacer (o al menos, qué hago yo)
- Antes de compartir un video viral, preguntarme: ¿esto me enseña algo o solo me calienta la cabeza? Si es lo segundo, quizás está bien para un rato, pero no para mi dieta informativa principal.
- Seguir fuentes que analicen, no solo que celebren o indignen. Análisis de datos, lectura de partidos, voces que no se queden en el “qué pasó” sino en el “por qué pasó”.
- Aceptar que el folclore deportivo también tiene valor. No todo tiene que ser un paper de táctica. A veces un relator gracioso o un pancho Gonzalez del barrio te explican el deporte mejor que un analista de ESPN.
- Preguntarnos por qué los canales de Real Madrid que se quejan del “monotema” siguen existiendo: porque los clickeamos. Punto para ellos, mate para nosotros.
La actualidad del deporte hoy es un zapping furioso. Va de Caitlin Clark a la Selecta a Mourinho a un radio de 1954 sin escalas. Y está bien zappear de vez en cuando. Pero si tu alimentación deportiva se basa solo en eso, terminás con una dieta de dulces. Rico al momento, vacío a la larga.
Mi consejo de amigo: reservate un tiempito para el deporte aburrido. El de análisis, el de táctica, el de mirar un partido sin redes al lado. Ya sé, no es tan viral. Pero tu cabeza de hincha lo va a agradecer. Al menos, a la mía le hace bien.