No sé ustedes, pero cada vez que abro YouTube y me topo con otro clip de dos minutos sobre una jugada polémica, un gesto de más o una trifulca en la cancha, me pregunto lo mismo: ¿cuándo dejamos de hablar de deporte para empezar a hablar de personajes?
No me malinterpreten. Amo el deporte. Me crié viendo partidos hasta la madrugada, escuchando relatos radiales que parecían poesía y memorizando estadísticas que hoy no le sirven a nadie. Pero hay algo en la actualidad deportiva que me chirría, y no es precisamente la calidad del juego.
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El ruido que tapa el juego
Basta con echar un ojo a los videos más vistos de los últimos días. Historias sobre jugadoras que se convierten en “guardaespaldas” de estrellas, ruedas de prensa que se viralizan más por el tono que por el contenido, programas radiales que celebran la polémica antes que el análisis. Ojo, no digo que esté mal. El deporte siempre tuvo carnadura dramática. Pero cuando el drama se come al deporte, algo se desequilibra.
La WNBA está explotando en popularidad, y eso es una gran noticia. Pero me preocupa que la conversación gire más alrededor de quién protege a quién o quién se vengó de quién, que alrededor de sistemas de juego, evoluciones tácticas o el crecimiento genuino de la liga. El básquet femenino tiene talento de sobra para llenar horas de análisis serio. ¿Por qué elegimos el atajo del conflicto?
El fútbol y su monotema infinito
Ni hablar del fútbol. Los programas de actualidad sobre clubes grandes se han convertido en un bucle perpetuo de rumores, conferencias de prensa y estados de ánimo. Un día es Vinicius por acá, otro día es el entrenador que dio una masterclass en declaraciones, y así. La pelota, mientras tanto, rueda en un segundo plano. Y no es culpa de los creadores de contenido. Es demanda pura. Nosotros, los que clickeamos, pedimos eso.
He visto videos de béisbol que muestran jugadas increíbles —un hit con el bate roto, una carrera anotada en circunstancias imposibles— y esos clips tienen menos vistas que una discusión sobre un gesto en una conferencia. Y no me digan que el béisbol es aburrido. Eso ya lo sabemos. El problema no es el deporte. El problema es cómo lo empaquetamos.
La radio, ese refugio extraño
Hay algo que me da esperanza: los noticieros deportivos radiales que siguen existiendo, esos que arrancan con un “buenas tardes” cálido y repasan la jornada sin gritos ni capturas de pantalla. Programas como los que se emiten en El Salvador, Perú o Nicaragua, con su mezcla de resultados locales, torneos continentales y ese tono de vecino que te cuenta lo que pasó. Ahí todavía se respira deporte, aunque sea en dosis pequeñas y con música de fondo.
Me encanta que El Salvador haya tenido su cobertura de la Nations League, aunque el descenso a categoría B duela. Me gusta que se hable de la Liga de Ascenso, de los torneos apertura, de los equipos chicos. Porque el deporte no es solo Champions League y NBA. También es el partido del domingo en la cancha de tierra, el pibe que debuta en primera y la radio que acompaña a los que no tienen cable.
¿Qué estamos premiando?
Acá va mi opinión, sin filtro: estamos premiando el espectáculo del conflicto y castigando el espectáculo del juego. Y eso tiene consecuencias. Los medios producen lo que el algoritmo premia. Si el algoritmo premia el escándalo, tendremos más escándalo. Si premia la jugada increíble, tendremos más jugadas increíbles. No es tan complicado.
No pido que dejemos de consumir clips virales. Pido que hagamos un balance. Que después de reírnos con una trifulca, nos tomemos cinco minutos para ver un partido completo. Que leamos una crónica que no hable de vestuarios ni de transferencias, sino de cómo un equipo se paró en la cancha. Que volvamos a discutir de táctica, de técnica, de esfuerzo. De deporte, en definitiva.
La esencia no se pierde, se elige
El deporte actual está más vivo que nunca. Se juega más, se transmite más, se comenta más. Pero la esencia no viene sola con la cantidad. La esencia se elige. Se elige cuando un canal decide dedicar un segmento al análisis y no al chisme. Se elige cuando un hincha prefiere ver el partido antes que el resumen de polémicas. Se elige cuando un programa de radio recuerda que su público también quiere escuchar sobre el torneo local, no solo sobre el Real Madrid.
Así que la próxima vez que se encuentren un título con Mayúsculas y signos de admiración, pregúntense: ¿esto me acerca al deporte o me aleja? La respuesta no es moralista ni correcta. Es simplemente una forma de cuidar lo que amamos. Porque si dejamos que el ruido gane, perdemos todos. Y perder por ruido, la verdad, es la peor forma de perder.