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La tiranía del qué dirán en el deporte actual

El consumo de deporte como espectáculo de barbarie mediática: una mirada crítica a cómo el drama y la polémica desplazan al juego en la era de YouTube.

Vengo siguiendo la actualidad deportiva de cerca, y hay algo que me está empezando a molestar más de lo que debería: ya no sabemos ver deporte sin buscar un villano. No importa si el partido es bueno, malo o regular. No importa si hay una jugada brillante en el noveno inning o un triple desde la esquina. La conversación, casi siempre, se la lleva el ruido de afuera.

Tomemos el caso de la WNBA. Es imposible encender YouTube y no encontrarse con edits de Sophie Cunningham salvando a Caitlin Clark de no sé qué humillación, con la narrativa del ángel guardián contra la rival descarada. ¿Es entretenido? Sí, no voy a mentir. ¿Tiene que ver con el baloncesto? Poco. La gran jugada del partido, la defensa bien ejecutada, el pick and roll que rompe la zona, todo eso desaparece detrás de un pleito. Y como público, como audiencia, lo permitimos. Le damos millones de vistas a la reyerta antes que al triple ganador. No lo digo como virtud, lo digo como diagnóstico: nos entrenamos para consumir el drama, no el deporte.

Pasa en la NBA, pasa en el fútbol y pasa en el béisbol. Recuerdo haber visto un video viral deun hit con el bate roto en la MLB. La gente lo compartió como una rareza, casi como si fuera la primera vez que ocurría semejante cosa. Los comentarios, indignados y sorprendidos. Y uno piensa: está bien, son virales. Son divertidos. Pero funcionan porque están aislados de cualquier contexto real. No importa qué equipo gana, no importa quién pitchea, no importa la carrera. Es solo el clip. La actualidad deportiva reducida a escombros de TikTok. Y eso, sinceramente, me deja un sabor amargo.

La fiebre del Real Madrid y el personaje de turno

Ayer me crucé con esos espacios llamados ‘cartas de ajuste’ sobre Real Madrid, esos programas de YouTube que resumen lesiones, alineaciones y rumores. Martes y viernes, dos sesiones de entrenamiento, el partido contra el Villarreal a las 21, los brasileños que se suman al grupo. Tengo que admitir que algo de eso tiene su valor: para el hincha local es una ventanilla donde mirar. Pero al rato, el resumen se transformó en otra cosa. La rueda de prensa de Mourinho convertida en ‘masterclass’, el descanso del cuerpo técnico, los ‘detrás de esa rueda’ como fenómeno de opinión. El contenido ya no hablaba de fútbol; hablaba de personajes. De la performance del hablar, no de lo que pasa en la cancha.

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Es un desplazamiento que me parece evidente y preocupante. En los medios tradicionales y en los alternativos el actor fijo es el jornalero del protocolo: alguien que llena horas de aire con sobreinterpretación. Cuando un técnico ya no comunica tácticas ni decisiones deportivas, sino frases para el meme del día siguiente, ganó el clip y perdió el deporte. No es un problema del Real Madrid ni de Mourinho. Es el sistema: si la emoción necesita villanos, el villano de hoy es el próximo; da igual quién sea.

Cuando el descenso es noticia incómoda

Pienso también en cómo se cubre el descenso de la Selecta salvadoreña en la Nations League. Los programas locales lo primero que hacen es la pregunta obligatoria: ‘¿es fracaso?’, ‘¿quién tiene la culpa?’, ‘esto es un papelón’. Como la caída a categoría B, el día del debate después existe porque hay un guion prefabricado: el drama nacional. Y escucho los noticieros en vivo, uno tras otro, repetir el mismo molde. Es una maquinaria eficiente, no digo que no. Pero en esa mecánica laSelecta deja de ser un equipo con jugadores de carne y hueso y se vuelve un capítulo más del culebrón deportivo. El problema no es la crítica. El problema es quela crítica se convierta en sombrilla, tipo reality show, donde todo está atado al rating de la previa y no al análisis del partido en sí.

Lo mismo pasa con el béisbol: la liga y la actualidad del deportesen general. Un hit con bate roto merece más espacio que las carreras acumuladas en toda la temporada. Y ese descuido del contexto no es gratuito. Un aficionado nuevo que llega aldeporte noticioso a través de un clip nunca aprende las reglas, nunca entiende por qué vale un sacrificio con las bases llenas ni por qué un juego cerrado de pitcheo es hermoso de ver. Simplemente no le conviene al algoritmo.

Un comentario personal

A mí me gusta ver deporte. Me gusta el triple, me gusta la doble matada, me gusta el batazo a la calle. La polémica. no me molesta mientras no se convierta en única ventana por la que transitamos. Porque cuando todo pasa por esa puerta, los partidos se vacían. Ya no importa si la REE, la Liga o la LSB juegan:lo que importa es ver quien grita más fuerte. Y como blogger,voy a decirlo así: si seguimos clickeando los belenes at’ll the game, then shit’s on us, not on them.

No pido que se acabe el drama fascista. Pido algo más simple: que no olvidemos que el deportees un juego, no un talk show en el que la pelota es lo de menos. Yo voy a seguir viendo partidos—pero cuando se vuelvan solo personajes, estaré en la orilla contraria, sosteniendo la bandera del juego y no la del pleito.Cortas y al pie: menos morbo, más deporte. Un poco de sensatez.Tal vez eso sea hoy lo más polémico del mundo deportivo y esa vía alternativa que debemos recuperar.