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La NBA se volvió un espectáculo de guardaespaldas

Sophie Cunningham, Caitlin Clark y una WNBA que premia la épica callejera antes que el básquet. Opinión crítica sobre la actualidad deportiva.

Me topé con un clip en YouTube titulado algo así como “Por esta razón Sophie Cunningham es tan amada”. Lo vi por curiosidad, confieso. Y lo que encontré no fue un análisis de su tiro de tres, ni de su defensa perimetral, ni de su lectura del pick and roll. Fue, más bien, una narración heroica sobre cómo Cunningham tumbó a una rival después de que esta intentara humillar a Caitlin Clark. El comentarista la llamó la “nueva guardaespaldas de Caitlin Clark” y la “atleta más feroz” de la liga. Y ahí me quedé pensando: ¿desde cuándo el básquet femenino se cuenta así?

El problema no es Cunningham, es el marco

Que quede claro: Sophie Cunningham es una jugadora profesional. Juega en la WNBA, defiende, mete triples, se pelea por cada pelota. Eso es básquet. Lo que me incomoda no es lo que hace en la cancha, sino cómo se vende fuera de ella. La narrativa del “cobro de venganza”, del “mensaje directo”, de la ferocidad como valor deportivo supremo. Eso es otra cosa.

Y esa otra cosa es lo que hoy domina la conversación sobre la liga. Caitlin Clark llegó y revolucionó todo: audiencias, taquilla, merchandising. Hasta ahí, un fenómeno genuino. Pero cuando el relato alrededor de una jugadora se construye desde la idea de que necesita protección —una guardaespaldas, un escolta, alguien que la defienda de la agresión rival— deja de ser una historia sobre básquet. Se convierte en una historia sobre poder, vigilancia y épica callejera.

El morbo vende, clarísimo

Entiendo el mecanismo. Los videos que generan más vistas sobre la WNBA no son los que analizan sistemas ofensivos. Son los que montan peleas, roces, miradas tensas, codazos y desplantes en cámara lenta con música épica de fondo. Lo vi con mis propios ojos: los clips con títulos como “EL MOMENTO QUE NADIE ESPERABA” o “SE ARMÓ DE VERDAD” arrasan. En paralelo, un video sobre la Liga de Naciones Concacaf o un noticiero de actualidad deportiva salvadoreña juntan unos miles de vistas arrastradas. La proporción no es casual.

Pero hay una trampa en ese cálculo. Cuando el público se acostumbra a consumir a las jugadoras y jugadores como personajes de una telenovela de contacto físico, el foco se corre. Dejan de importar los triples, la duela, los puntos. Importa quién se cae, quién se levanta, quién tiene la cara de no haber perdido la calma. Ese es el subproducto tóxico de la era del highlight infinito. Lo mismo que ya pasó con la NBA masculina desde los años noventa: los malos que venden, los buenos que no tanto.

El efecto sobre las jugadoras

Hay algo profundamente incómodo en aplaudir a una deportista por su capacidad de repartir golpes, pero poco por su capacidad de leer el juego. Es como felicitar a un guitarrista por saber gritar en el escenario, no por cómo ejecuta un solo. Sophie Cunningham sabe hacer un montón de cosas bien en la cancha, y sin embargo el algoritmo se queda con el instante en el que derriba a alguien. Eso tiene un costo real: limita la percepción pública del talento femenino y lo encierra en prototipos —la escolta, la bravucona, la salvaje.

Y ojo, tampoco quiero vender una pureza imposible. El básquet siempre ha sido un deporte de roce, de fricción, de demostrar quién manda. Charles Oakley, Bill Laimbeer, Dennis Rodman. La dureza es parte del juego. La pregunta no es si la hay. La pregunta es a quién le estamos creyendo cuando nos cuentan lo que pasó, y qué tipos de historias estamos eligiendo amplificar para que esas narrativas se mantengan en el podio.

Una salida incómoda pero sencilla

Reconozco que esto es más una pregunta que una respuesta. Yo mismo caí en el click del video. Lo abrí, lo vi hasta el final, y después vine a escribir este texto. La salida aparente es esa vieja recomendación de “consumí con criterio”, pero me suena a poca cosa. Más útil puede ser otra cosa: exigirle a quien cuenta la historia un poco más de interés real por el juego. Que un clip sobre la WNBA se preocupe por el básquet y no solo por la narrativa de guerra que se monta alrededor. Suena idealista, sí. Y quizás lo es. Pero no veo muchas alternativas para una liga que, paradójicamente, tiene su mejor básquet en cancha al mismo tiempo que sus peores relatos en la cabeza del público.

Quedó claro el subtexto: hoy la actualidad deportiva no se define solo con lo que pasa en cancha. Se define con lo que se elige contar sobre la cancha, con qué encuadre y por qué. Y si eso no te hace ruido, mirá de nuevo el próximo clip que te recomiende YouTube sobre alguna jugadora que tiró un codazo “defendiendo” a una compañera. Después hablamos.